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Entre costuras y cuentos

Catita Coque

Palenque

Palenque es un lugar acogedor, un pueblo muy bonito, viene mucha gente a visitar, les gusta, hay unos que se quedan, los que se van nos recuerdan siempre.

Yo soy de Palenque, no exactamente en el pueblo sino en un recinto, en una hacienda llamada “La María”, cuando yo tenía 11 años, salimos al pueblo, mi papá hizo una casa y vivimos allí, yo fui a la escuela, estudié en la Dolores Sucre, cuando se hacía doble jornada, terminé el sexto grado, pero no fui al colegio porque en ese entonces aquí no había colegio, había en Vinces pero como yo no tenía un familiar allá, los transportes eran difíciles, no es como ahora que usted coge un autobús y se va inmediatamente a donde quiera, antes había que esperar horas ahí en la salida de los carros para ser trasladada a un lugar.

Por eso no pude ir al colegio, pero de ahí estuve bastante tiempo con mis padres, me casé a los 20 años, tuve a mis niños y empecé a asistir a los cursos de corte y confección que venían a dar “La Unión de Mujeres Trabajadoras de Vinces”. Me gradué por mis propios derechos y llegue a ser profesional, trabajo cosiendo. Muchísima gente en el pueblo se hace coser en este pequeño taller, todavía conservo muchas de mis clientas, algunas se fueron porque ahora sale mejor comprar la ropa cosida que mandarla a hacer. Pero tengo muchas clientas que prefieren venir acá que comprarla hecha.

Mis hijos crecieron, cada uno se fue a la ciudad, trabajan, dos de ellos viene aquí cerca, un varón y una mujer. Una de mis hijas también cose, pero como trabaja no le alcanza el tiempo o no le gusta, no sé.

A mi sí me gusta mi trabajo desde que comencé me he dedicado a eso, un tiempo por enfermedad lo dejé porque yo sufro de artrosis, como dos años, pero lo retomé, mis clientas me esperaron y volvieron.

 

Burrito, burrito caga plata

 

Mi papá contaba una historia que decía que una vez había un hombre pobre en un pueblo que tenía un compadre rico que trabajaba y tenia plata. El compadre iba todos los días donde el compadre rico y le decía: 

Compadre, déme para comprar una librita de carne o comprar un arrocito.

Y el compadre rico le daba.

Cuando un día el hombre dijo, ¡hasta hoy día yo pido limosna! Ya no voy a pedir más, me voy a rodar tierra, pueda ser que me encuentre un trabajo, algo que me ayude para no estar más pidiendo. 

El hombre le dijo a su mujer que se levantara tempranito, le haga un bolón de verde y una taza de café. Y se fue el hombre.

Cuando venía adelante el hombre camina y camina en un camino sólido y venía un viejito y ese viejito venía montado en un burrito. Entonces le dice:

¿A dónde te vas buen hombre?

A rodar tierra, a ver si hallo trabajo. Yo tengo mi familia y no tengo cómo mantenerla. Yo tengo un compadre que me ayuda, sí me da, pero yo estoy cansado de pedir. Ya no quiero pedir.

Mira, ándate en este burrito. Llévatelo a la casa, cuando quieras plata, lo que tú quieras, pon una sábana blanca en el piso y dile al burrito: “Burrito, burrito, caga plata”, y el burrito te caga pura plata.

Entonces el hombre se regresó con su burrito. Cuando la mujer lo vio le dice: ¡Hey, qué te pasó!. Ay, le dice, ni sabes. Me encontré un viejito y me dio que a este burrito yo le diga: “Burrito, burrito, caga plata”, y él va a cagar plata. Veamos a ver si es verdad. Lo llevaron y lo metieron en un cuarto, tendieron una sábana y colocaron al burrito… “Burrito, burrito, caga plata”, y el burrito se desparramó y ¡pas, pas, pas pura plata caía!

Bueno, entonces guardó al burrito, lo metió en un corral y ya tenía la plata para mantenerse. 

Cuando pasaron los meses y ya el compadre pobre no le iba a pedir al rico, entonces el compadre rico dice: ¡Ay! ¿qué será que me compadre no viene?. Como tenía un muchacho de mandado, le dice: Anda, dile a mi compadre que por qué no viene, que qué es lo que le pasa, que antes venía todos los días.

Entonces el muchacho va y le dice: 

¡Oiga, dice su compadre rico que por qué usted ya no va, que hace tiempo que no va!

Dile a mi compadre que yo tengo un burrito que yo le digo “Burrito, burrito, caga plata”, y el burrito me da harta plata.

Entonces el muchacho vuelve y le dice:

¡Oiga, dice su compadre que no viene porque él tiene un burrito que le dice “Burrito, burrito, caga plata”, y el burrito le da toda la plata que él quiere.

¿Cierto?. Anda dile a mi compadre que me lo preste.

Entonces el muchacho va y le dice: 

 ¡Oiga, dice su compadre rico que le preste el burrito, que lo quiere conocer.

No se lo prestes, que mi compadre es sabido y te lo va a cambiar, ¡verás!, le dijo la mujer al hombre.

No, qué va a ser, mi compadre tiene plata. Llévaselo. 

El hombre lo entró en un cuarto e hizo todo como tenía que hacer: “Burrito, burrito, caga plata”… ¡Ese burrito de veras que le botó plata! Entonces él dijo, yo se lo cambio a mi compadre. Como yo tengo un burro igualito. Anda déjalo a este al corral y trae el que está allá y llévaselo a mi compadre. 

Era igualito el burro. Entonces él cogió el burrito, lo metió al corral. Cuando a los tiempos se le acabó la plata y se fue a pedirle plata al burrito. Le puso la sábana y lo encerró: “Burrito, burrito, caga plata”… El burrito pura caca y ya nada de plata. La mujer le dijo: 

¿Viste? Yo te dije que no le dieras el burro a mi compadre porque mi compadre es sabido. Ya te lo cambió al burro ¿te das cuenta?

No importa, le contesta. Me voy de nuevo. 

Se fue otra vez. Cuando vio a lo lejos que venía una señora tapada con un mantelito en un burrito montada. Entonces cuando llegó junto a la señora:

¿Dónde te vas buen hombre?

A buscar una oportunidad para trabajar porque yo soy pobre y no tengo cómo mantener a mi familia. El otro día vine por aquí y un señor me dio un burrito, pero yo tengo un compadre y el compadre me lo prestó y me lo cambió. 

No te preocupes, llévate este mantelito, tiéndelo en la mesa y dile: “Mantelito, mantelito, componte” y el mantelito te dará todo lo que tú quieras.

El hombre se regresó otra vez y le contó a la mujer lo que le había pasado: ¡Vamos a hacer la prueba a ver si es verdad! Cogieron la mesa y pusieron el mantelito: “Mantelito, mantelito, componte”…  ¡El mantelito se compuso de todito! Comida, plata, de todo, de todo.

Cogieron el mantelito, lo guardaron en un baúl. 

Cuando a los tiempos otra vez… ¿qué tendrá mi compadre que no viene? Ha de tener algo porque cómo no viene si el burrito se lo cambié. Anda a ver qué tiene.

Otra vez el muchacho va y le dice: 

¡Oiga, dice su compadre rico que por qué usted ya no va.

Dile a mi compadre que yo tengo un mantelito que le digo “Mantelito, mantelito, componte” y me da de todo.

Se fue el muchacho otra vez:

Oiga dice que tiene un mantelito al que le dice “Mantelito, mantelito, componte” y le da de todo el mantel.

No te creo. Anda dile que me lo preste.

El muchacho volvió:

No se lo prestes. Verás que te cambió el burro, ahora te va a cambiar el mantel, dice la mujer.

No, no me lo ha de cambiar. Si ya tiene el burro. Llévate el mantel.

Cuando el hombre otra vez hizo la prueba: “Mantelito, mantelito, componte”… De todo le dio al hombre y dijo, yo se lo cambio a mi compadre. Cogió el mantelito y le dio una igualito y guardó el que daba las cosas. El compadre pobre cogió el mantelito que le trajeron y lo guardó. 

A los tiempos que ya se le acabó todo pensó, vamos a pedirle al mantelito. Lo pusieron en la mesa: “Mantelito, Mantelito, componte” y el mantelito ya no daba nada. La mujer se puso bravísima: 

¿Viste que eres un tonto? Yo te dije que mi compadre te iba a cambiar el mantel. ¿Crees que vas a tener otra oportunidad? Perdiste el burro, perdiste el mantel por tonto, porque confías en mi compadre. Mi compadre tiene y entre más tiene más quiere.

No importa, deja no más. Mañana me voy de nuevo.

Cogió el camino y se fue camina y camina y camina. Cuando a lo lejos vio un viejito que traía un aparato en el hombro… así… agachadito. El hombre llegó junto al viejito:

Buenos días, señor.

Buenos días. ¿A dónde te diriges bueno hombre?

A buscar algo para ver si encuentro un trabajo.

¿Qué te pasa?

Es que yo soy pobre y he tenidos dos oportunidades, pero yo tengo un compadre rico y el compadre me las ha quitado: primero un burrito, después un mantelito.

No te preocupes. Llévate este aparato. Cuando quieres algo, mételo en un cuarto, ciérrate con llave y dile: “Guatín, guatín, desenguaraca” y el guatín te da todo, todo, todo, todo lo que tú quieras.

El hombre contentísimo regresó a la casa. Mira, le dijo a la mujer, lo que me encontré. Me dieron este aparato que se llama guatín. Cuando nosotros queramos algo, nos encerramos en un cuarto, le echamos llave y le decimos: “Guatín, guatín, desenguaraca” y él nos va a dar todo lo que queramos.

Era un aparato que tenía bastante como patas y botaba de todo.

¡Vamos a hacer la prueba: “Guatín, guatín, desenguaraca”! Ese aparato les botaba plata, comida, ropa, zapatos, todo, todo, todo. Llenaron el cuarto de todo lo que el guatín les daba.

Cuando a los tiempos el compadre rico dice: Mi compadre algo tiene porque cómo no me ha venido a pedir más. Ni ha venido a reclamar ni el burro ni el mantel. Algo tiene que tener. Anda a ver qué tiene. 

Se fue el muchacho otra vez:

Oiga, dice su compadre rico que por qué no va. 

Dile a mi compadre que yo tengo un aparato que le digo: “Guatín, guatín, desenguaraca” y él me da de todo.

Y se fue el muchacho con la noticia. 

Entonces la mujer le dice: 

¡No lo prestes! ¡No lo prestes! Verás que no te lo va a devolver.

No. Yo con éste voy a recuperar todas mis cosas. Ya verás: cuando me diga que se lo preste, yo se lo presto.

Cuando el hambriento tuvo el aparato, abrió la puerta y le dijo: “Guatín, guatín enguaraca, desenguaraca”… ¡y el guatín enguaracó y desenguaracó, pero no le daba sino golpe, golpe, golpe, golpe. Lo caía, lo levantaba, lo paraba, lo tiraba para allá, para acá y ya lo tenía aguadito.

Oyeeeee. Anda dile a mi compadre que me venga a defender, que su aparato me mata. Cooooreeee, anda avísale.

El muchacho corría:

Oiga, dice su compadre que vaya que ese aparato lo está matando.

Dile a mi compadre que me devuelva el burrito que me cambió y que ahí lo voy a defender.

El muchacho volvió:

Dice que le devuelva el burrito que le cambió, que ahí viene a defenderlo.

Corre, anda cógelo que esta allá en ese corral. Llévaselo y dile que venga rápido.

El muchacho corría:

Aquí está su burro. Dice que vaya. 

Dile que me dé el mantelito que me cogió, que ahí lo voy a defender. 

El muchacho volvió:

Dice su compadre que le mande el mantelito que le cogió, que ahí lo viene a defender. 

Anda, toma la llave. Sácalo que está en un baúl. Llévalo y dile que venga.

El muchacho fue con el mantel y ahí sí fue el compadre pobre. Llegó allá, abrió la puerta y dijo: “Guatín, guatín, enguaraca” y el aparato se recogió. Y este cuento se acabó.

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